Karla Gabriela Calvillo Garamendi
Recuerda quién eres
Para las almas valientes que eligieron olvidar
¿Y si no estás perdido… y solo olvidaste quién eres?
¿Y si ese vacío, esa ansiedad, esa sensación de no encajar… no es un error… sino una señal? ¿Y si sabes que la vida es más que trabajar, pagar deudas y sobrevivir? ¿Y si a veces miras al cielo… y no entiendes el para qué?
© 2021
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Karla Gabriela Calvillo Garamendi
Karla Gabriela Calvillo Garamendi, originaria de Guadalajara, México, desde niña sintió que había algo más allá de lo visible. Esa inquietud la llevó a cuestionar la vida, la conciencia y el propósito de existir, iniciando así un profundo viaje hacia su interior.
A través de su propia transformación y de experiencias desafiantes, comprendió que el despertar no es escapar de la experiencia humana, sino atravesarla con presencia, verdad y amor.
Hoy, como comunicóloga, facilitadora de breathwork, numeróloga y guía de una comunidad en expansión, integra la neurociencia con la conciencia para acompañar a otros a recordar su verdadera naturaleza. Recuerda quién eres no es un libro… es una activación. Un mensaje canalizado de su Yo Superior que te invita a recordar que no eres solo un cuerpo, una mente o una historia, sino una conciencia infinita experimentándose a sí misma… recordando quién es.
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Recuerda quién eres
¿Y si no estás perdido… y solo olvidaste quién eres?
¿Y si ese vacío, esa ansiedad, esa sensación de no encajar… no es un error… sino una señal? ¿Y si sabes que la vida es más que trabajar, pagar deudas y sobrevivir? ¿Y si a veces miras al cielo… y no entiendes el para qué? Este no es un libro para volverte alguien más. Es para dejar de ser quien aprendiste a ser… y volver a ti. Aquí no hay perfección. Hay humanidad. Sombra y luz. Cuerpo y placer. Quiebres y expansión. Soy Karla… y este mensaje no viene solo de mí. Fue canalizado junto a mi Yo Superior, Sïn-Aërah: una conciencia que no vino a enseñarme algo nuevo… vino a recordarme lo que siempre he sido: parte de algo más grande, de una misma fuente que nos une a todos. Si este libro llegó a tus manos, no es casualidad. Llegó porque tal vez estás cansado de buscar afuera lo que en el fondo sabes que está dentro de ti. Por cierto… ¿recuerdas quién eres?
Recuerda quién eres
Capítulo 1
El día que desperté
Y ahora que ya sabemos quién escribe estas páginas, podemos empezar el viaje.
No con un comienzo perfecto, sino con el momento exacto en que abrimos los ojos y
recordamos que nunca estuvimos dormidos del todo.
¿Has sentido que no encajas en este mundo?
¿Que no eres de aquí?
¿Que ves lo que otros no ven… y escuchas lo que otros no escuchan?
¿Alguna vez pensaron que estabas loca(o)?
¿Fuiste la oveja negra de tu familia?
Entonces… tienes que leer esto.
Desde niña siempre supe que algo no cuadraba.
Era muy sensible, «especial», decía la gente.
Pero yo solo sentía que la vida no era como me la estaban enseñando.
Conecté con Jesús desde muy pequeña.
Fui católica, luego cristiana… y después un poco de todo,
porque siempre estuve buscando una verdad.
Y lo más fuerte es que la encontré.
Pero no estaba afuera.
No estaba en una iglesia.
Estaba dentro de mí.
Fue a mis 29 años cuando todo empezó a encajar.
Cuando dejé de huir de mí misma y comencé a recordar.
Canalización de mi alma
«Hola… ¿me recuerdas?
Soy tú.
Tu alma.
La que estuvo esperando pacientemente a que volvieras a mirarte.
No llegaste tarde.
Llegaste perfecta.
Llegaste viva.
Yo estuve contigo en cada búsqueda,
en cada religión,
en cada intento de entender lo que no podías explicar.
Gracias por no rendirte.
Gracias por no apagarme.
Gracias por volver a casa.
A partir de ahora… ya no estás sola.
Porque ya no me escondes.
Y yo… no dejaré de hablarte jamás».
Ese despertar no fue una línea recta hacia la luz.
También fue mirar nuestras sombras, entender nuestras heridas y reconocer que la sensibilidad —la misma que nos conecta con lo invisible— también nos ha llevado a tocar fondo.
Capítulo 2
La sensibilidad que me llevó al abismo… y también me sacó de él
Mi sensibilidad era tanta
que terminé rodeada de personas que no sabían sostenerla.
Ambientes que me drenaban.
Relaciones que me rompían.
Caminos que parecían libertad… pero eran olvido disfrazado.
Me callé para pertenecer.
Me adapté para no incomodar.
Y en el intento… me apagué.
Tomé medicamentos que silenciaban mi alma,
me perdí en excesos que me hacían sentir algo,
y me envolví en vínculos donde me olvidaba a mí misma.
Pero no estaba rota…
solo estaba recordando a través del dolor.
Porque incluso en lo más profundo del abismo,
mi sensibilidad seguía ahí,
susurrándome que no era el final.
Recordándome quién era.
Guiándome de regreso a casa.
Me dijeron muchas veces que yo era «demasiado»…
y solo era un alma galáctica en cuerpo humano.
Toda la vida fui sensible.
Pero no de esas sensibilidades que se ven lindas…
sino de las que incomodan.
No delicada como una flor…
delicada como una bomba.
Lloraba sin explicación.
Sentía el ambiente, las miradas, los cambios de humor ajenos.
Tenía mil ideas por minuto,
saltaba de emoción en emoción
como si mi alma no cupiera en mi cuerpo.
Y no, no cabía.
Intentaron diagnosticarme:
TDAH, borderline (trastorno límite de la personalidad), ansiedad crónica.
Y sí… tal vez desde su perspectiva humana yo soy todo eso.
Pero ahora sé la verdad:
era una niña estelar navegando en una Tierra dormida.
Mi sensibilidad no era un error.
Era mi radar.
Mi don.
Mi canal.
Me hizo sobrevivir…
y ahora me hace recordar.
Ya no me juzgo.
Ya no me escondo.
No soy demasiado.
Soy exacta.
Hoy más que nunca entiendo que mi alma viene de otro lugar.
Y fue en ese fondo donde comprendimos algo más profundo: que todo lo que olvidamos, lo olvidamos a propósito.
Que cada paso en la oscuridad escondía una llave para nuestro verdadero poder.


